martes, 21 de septiembre de 2010

Con un buen cocinero, un buen comensal se ha de gestar!!!

Queridos Amigos!  Cómo están?
 ...Siempre los tengo en mente, y mientras pasan los días, suceden los eventos siempre hay un pensamiento que me encantaría poder comunicarles.  Voy por la vida pensando, y qué le podré decir a fulano, o escribirle a mengano que le haga bien ...aquí entre paréntesis, cuando decidí estudiar psicología, lo hice pensando que así iba poder llegar mejor a la gente, quería escribir novelas con sustancia, que dejaran algo para la vida.  Y un día encontré una forma hermosa en la que otro se expresaba y me alcanzaba, encontré a alguien que con su comida me hablaba y de alguna forma acariciaba mi alma: Un buen Cocinero.  Es así como llego hoy aquí, a escribirles, en momentos a cocinarles y a psi-cocina crearles!

Para mi, el formarme como cocinera, es algo especial, muy particular, entiendo mi ser psicóloga como mi apellido de soltera, ese que aunque uno se case no se pierde, y el irme haciendo cocinera como la nueva familia que comienzo a hacer;  a un apellido de casada, posiblemente mucho más se ha de parecer.
Como se ama a la familia de origen también se ama a la que se elige.  Es así como agradezco desde lo más profundo de mi ser la existencia y el quehacer del buen cocinero, ese que con respeto, dedicación se ha ido haciendo hasta poner a bailar mi paladar y el de muchos más.  Esa habilidad de tocar nuestras almas de forma sublime no tiene igual y me lleva a comprender cada día más la expresión de restaurador.  Disfrutar de aquello que nos ofrecen con un plato, con clases y reconocer su bondad, reconocer su finitud es algo que llega a impresionar por la facilidad con la que lo llegamos a lograr sabiendo, que aunque amamos todo lo que nos da, entendemos que a él no nos lo vamos a papear!  (Y lo digo por la euforia que las philipinas desatan y encantan! )

Un cocinero, un buen cocinero, pone lo mejor de sí una y otra vez en los platos que nos ha de brindar, en ellos vierte lo que hay en él, su ser, y de ello, con cada plato, se ha de desprender para que otro se lo pueda comer.  Felizmente, el buen cocinero ha hecho eso tantas veces que un buen día es capaz de decir: hasta aquí! hasta aquí llego yo, hasta aquí llegas tú. Ya no sublime, ahora claro y directo, los limites se han hecho!
  
De aquella sensación, aquellas ganas que tenemos como comensales de seguir comiendo casi hasta querer comernos al cocinero, el buen cocinero le pone un buen exquisito y gran no, pues nos ha dado en cuatro, cinco platos, una y otra vez, lo mejor de sí.  Y si tenemos la suerte, de ir y volver y de nuevo comer lo que un buen cocinero nos ha de ofrecer, cuando nos lo encontramos, lo reverenciamos, lo respetamos y halagamos, agradecemos, lo disfrutamos, quizá lo abrazamos, pagamos y nos vamos, porque un buen cocinero con el tiempo hace a un buen comensal que sabe que un abreboca, entrada, plato principal y postre es lo que hay!

Cariños, se les quiere un montón!!!

Anabella


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